Tan pequeñas que no puedes verlas
Las Ultra Fine Bubbles, o UFB, son burbujas de gas de escala nanométrica. En DROP+ trabajamos con estructuras de aproximadamente 100 a 200 nanómetros, un tamaño que las hace invisibles al ojo humano y muy diferentes de las burbujas que podemos observar normalmente en el agua.
¿Qué las hace interesantes?
Su tamaño no es su única particularidad. Las UFB presentan características físicas que han despertado interés en distintas áreas de investigación, entre ellas su estabilidad en medios líquidos, su movimiento browniano y su comportamiento superficial.
El movimiento browniano describe el desplazamiento constante y aleatorio de partículas muy pequeñas suspendidas en un líquido. En el caso de las nanoburbujas, este comportamiento contribuye a explicar por qué pueden permanecer estables durante más tiempo que una burbuja convencional.

UFB y delivery dérmico
La investigación científica también ha estudiado las nanoburbujas como una alternativa para favorecer el delivery de ingredientes a través de la piel. Un estudio publicado en Nanomaterials evaluó nanoburbujas generadas en aceite y observó una mejora en la entrega de ingredientes activos en su modelo experimental.
Es importante hacer una distinción: ese estudio no corresponde a una prueba clínica de los productos DROP+. Sí aporta antecedentes científicos sobre las propiedades de las nanoburbujas y su potencial en aplicaciones dermales y cosméticas.
¿Cómo las utiliza DROP+?
En DROP+, la tecnología UFB se incorpora en la base acuosa de las fórmulas. El objetivo es favorecer la humectación, una distribución más homogénea de los ingredientes y una interacción más eficiente entre los componentes de la fórmula y la piel.
La innovación, entonces, no consiste simplemente en agregar un nuevo activo. Comienza antes: en la forma en que trabajamos uno de los componentes principales de la formulación, el agua.
Eso es parte de The Drop Effect: mirar lo cotidiano desde la ciencia para desarrollar una forma diferente de cuidar la piel.